La Bomba de Los Mina: el preocupante retroceso de un símbolo urbano
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Por: Rhodes Espinal
Columna: Lo Global con Rhodes Espinal
El desarrollo de las grandes ciudades no se mide únicamente por sus monumentales edificios y gigantescas plazas que se levantan en sus centros financieros, sino también por la capacidad de sus gobiernos locales para organizar, limpiar y dignificar los puntos más críticos de movilidad urbana.
En Santo Domingo Este existe un epicentro que concentra la identidad, el dinamismo comercial y los desafíos de nuestra municipalidad: la intersección de la avenida San Vicente de Paúl con la calle Fernández de Navarrete, conocida popularmente desde la década de los 80 como «La Bomba de Los Mina», nombre que surgió a raíz de la instalación de una estación de combustibles Shell.
Hoy, este importante punto de referencia urbana, estrechamente vinculado a las líneas del metro de Santo Domingo y el teleférico, además de caracterizado por un intenso flujo comercial y vehicular, vuelve a encender las alarmas de quienes aspiramos a vivir en una ciudad organizada.
La Bomba de Los Mina está regresando al caos. Los tarantines informales instalados sobre las aceras, los vendedores ambulantes que obstaculizan el tránsito peatonal y la preocupante acumulación de desperdicios sólidos amenazan con sepultar uno de los logros cívicos más aplaudidos de la historia reciente de nuestro municipio.
Para comprender la magnitud del problema, es necesario dimensionar su impacto en la movilidad urbana. Aunque no existe un registro estadístico público sobre la cantidad exacta de vehículos que transitan diariamente por esta intersección, los estudios de movilidad del Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre (Intrant) permiten dimensionar la importancia de los principales corredores viales de la zona. Se trata de un flujo constante de personas y vehículos que requiere una gestión urbana eficiente y permanente.
Durante años, este punto fue una representación del desorden urbano, la contaminación ambiental y los congestionamientos vehiculares. No fue sino hasta la gestión del entonces alcalde Manuel Jiménez (2020-2024), cuando en 2021 se demostró que la arrabalización no tenía que ser un destino inevitable.
Con voluntad política, operativos firmes y una fiscalización sistemática, se recuperaron los espacios públicos, se habilitaron nuevamente las aceras para los peatones y La Bomba pasó de ser una zona caracterizada por el desorden a convertirse en un referente de limpieza y organización municipal. Aquello representó un respiro para los munícipes, especialmente para los residentes de la circunscripción número 2.
Lamentablemente, ese esfuerzo colectivo parece estar desvaneciéndose. Actualmente, La Bomba de Los Mina, ubicada a apenas 1.2 kilómetros del palacio municipal, sede principal de la Alcaldía de Santo Domingo Este, comienza a sufrir nuevamente las consecuencias de ignorar un principio fundamental de la administración pública: la continuidad de las políticas de Estado.
Este principio establece que las instituciones y las políticas orientadas al bienestar colectivo deben mantenerse y perfeccionarse a través del tiempo, independientemente de los cambios de autoridades o de partidos políticos en los gobiernos locales.
El orden no puede tener fecha de vencimiento electoral.
Durante la actual gestión del alcalde Dío Astacio, la aparente falta de seguimiento y de fiscalización permanente ha permitido que resurjan los vertederos improvisados, los malos olores y la ocupación indebida de los espacios destinados al tránsito peatonal.
Los munícipes de Santo Domingo Este no merecemos que el bienestar recuperado con tanto esfuerzo se deteriore por la falta de mantenimiento y supervisión. El ordenamiento urbano requiere constancia, planificación y voluntad administrativa, no acciones ocasionales.
Es tiempo de que la actual alcaldía asuma con determinación y responsabilidad el rescate de este importante punto de movilidad. Para ello, se necesitan medidas concretas: presencia permanente de la Policía Municipal, inspección y supervisión rigurosas de las aceras, optimización de las rutas de recolección de residuos sólidos y respeto irrestricto a los espacios públicos.
La Bomba de Los Mina no puede volver al pasado. Lo que se recuperó con esfuerzo debe conservarse y mejorarse, no dejarse perder por falta de seguimiento.
El orden no es un lujo, es un derecho de los munícipes.
¡Vamos, alcalde Dío Astacio! ¡La Bomba de Los Mina lo necesita!



