Julissa Morel, la peor directora de Comunicaciones que he conocido
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Por: Wilmer Castillo
En política, la comunicación es mucho más que fotografías, notas de prensa o publicaciones en redes sociales. Es estrategia, planificación, manejo de crisis y, sobre todo, capacidad para construir relaciones con quienes informan diariamente a la ciudadanía.
A mi juicio, la gestión de Julissa Morel al frente de la Dirección de Comunicaciones de la Alcaldía de Santo Domingo Este ha transcurrido sin mayores logros. Su desempeño no ha dejado una huella que pueda considerarse determinante en el posicionamiento institucional del Ayuntamiento ni en el fortalecimiento de la relación con los medios de comunicación del municipio.
Uno de los aspectos que más llama mi atención es la escasa cercanía con la prensa local. Un director de comunicaciones no puede limitar su labor a emitir comunicados o coordinar publicaciones en redes sociales. Su función también implica conocer a los periodistas, visitar los medios de comunicación, escuchar sus inquietudes y construir una relación de confianza con quienes cubren el día a día de la gestión municipal.
Desde mi experiencia personal, esa cercanía no existe. Como director de un medio de comunicación de Santo Domingo Este, le he extendido invitaciones para conocer nuestras instalaciones, al igual que otros colegas del municipio. Sin embargo, esas invitaciones nunca han sido atendidas. Respuestas como que «se duerme temprano» o que «tiene demasiado trabajo» proyectan una falta de interés en fortalecer la relación con la prensa local, cuando precisamente esa debería ser una de las prioridades de quien ocupa esa posición.
Más preocupante aún es la percepción compartida por numerosos comunicadores de Santo Domingo Este: mientras los medios locales reciben un trato distante, la atención parece concentrarse en la prensa nacional. Esa puede ser una estrategia válida para ampliar la visibilidad de la gestión fuera del municipio, pero se convierte en un error cuando se descuida a quienes informan diariamente sobre la realidad de la ciudad y mantienen un contacto permanente con la comunidad.
El respeto institucional no se impone; se construye. Se gana con presencia, disponibilidad, diálogo y reconocimiento hacia todos los actores de la comunicación, sin importar el tamaño o el alcance del medio. Cuando esa relación no existe, inevitablemente se debilita la confianza y se pierde una valiosa oportunidad para desarrollar una comunicación pública verdaderamente efectiva.
También considero importante hacer una distinción que con frecuencia pasa desapercibida. Es justo reconocer que el alcalde Dío Astacio ha logrado un importante posicionamiento mediático desde que asumió la administración municipal. Sin embargo, desde mi perspectiva, ese resultado no obedece principalmente al trabajo de la Dirección de Comunicaciones del Ayuntamiento.
Gran parte del posicionamiento político y comunicacional del alcalde ha sido impulsado por asesores que trabajan directamente en la construcción de su imagen pública. Entre ellos destacan Nilda Alanaiz y Jaime Rincón, quienes, a mi entender, han desempeñado un papel relevante en el diseño de estrategias, narrativas y acciones orientadas a fortalecer la figura del alcalde.
Y ahí radica una diferencia fundamental: una cosa es la comunicación política de una figura pública y otra muy distinta es la comunicación institucional de una alcaldía. Son funciones diferentes, con objetivos, responsabilidades y públicos distintos, por lo que no deben confundirse.
Por esa razón, considero que atribuir el éxito comunicacional del alcalde exclusivamente a la Dirección de Comunicaciones del Ayuntamiento sería una valoración incompleta. El trabajo de los asesores políticos y el desempeño de la estructura institucional responden a dinámicas diferentes y deben evaluarse de manera independiente.
Estas consideraciones no pretenden convertirse en un ataque personal contra Julissa Morel. Toda gestión pública debe estar abierta al escrutinio ciudadano y a la crítica responsable. La comunicación gubernamental no puede medirse únicamente por la cantidad de publicaciones en redes sociales o por la presencia en medios nacionales; también debe evaluarse por su capacidad para construir puentes con la prensa local, generar confianza y mantener un diálogo permanente con quienes informan diariamente a la comunidad.
Santo Domingo Este cuenta con una prensa activa, diversa y comprometida, que merece ser escuchada, respetada e integrada como un aliado estratégico de la gestión municipal.
Porque, al final, una Dirección de Comunicaciones no se evalúa solo por lo que publica, sino por las relaciones que construye, la credibilidad que inspira y la confianza que logra generar. Y, desde mi punto de vista, esa continúa siendo la principal tarea pendiente de la actual gestión comunicacional de la Alcaldía de Santo Domingo Este.



