La deuda de nuestras alcaldías con los ciudadanos: mucho dinero y pocos resultados
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Por: Jesús Féliz
En Santo Domingo Este, Santo Domingo Norte y Santo Domingo Oeste se repite una preocupación ciudadana que las autoridades municipales no deberían ignorar: la distancia entre los recursos que administran los ayuntamientos y la calidad de los servicios que reciben los munícipes.
De manera cíclica, y durante más de 24 años, la recogida de desechos sólidos, el acondicionamiento de calles y aceras, el mantenimiento de parques y áreas verdes, el saneamiento de cañadas, así como el drenaje pluvial y sanitario, continúan generando reclamos en numerosos sectores.
Las administraciones de Dío Astacio, Betty Gerónimo y Francisco Peña, respectivamente, disponen de presupuestos municipales significativos, transferencias ordinarias y especiales del Gobierno Central y recursos extraordinarios canalizados a través de la Liga Municipal Dominicana. Sin embargo, esos recursos no se han traducido, en la medida esperada por la ciudadanía, en mejores servicios y una mayor calidad de vida.
La eficiencia municipal no se mide únicamente por cuánto dinero se recibe ni por cuántas obras se anuncian. Se mide por la basura que se recoge a tiempo, las calles que se mantienen transitables, los parques y áreas verdes que se preservan, los drenajes que funcionan, la iluminación de las calles y los barrios, la seguridad ciudadana y la capacidad de mantener una ciudad más ordenada, con autoridades que respondan con rapidez a las necesidades que enfrentan diariamente las comunidades.
El ciudadano no vive de las estadísticas presupuestarias. Vive en el barrio, camina por sus calles y callejones y enfrenta diariamente el desorden, la inseguridad y las deficiencias en los servicios, pese a los cuantiosos recursos financieros que reciben las actuales administraciones municipales de la provincia Santo Domingo.
Por eso, más allá de los anuncios y las estadísticas, estas alcaldías, todas encabezadas por dirigentes del Partido Revolucionario Moderno (PRM), deben ser evaluadas por sus resultados. La verdadera rendición de cuentas no está solamente en los discursos ni en los actos protocolares en los que los ejecutivos municipales presentan sus informes; también debe reflejarse en la calidad de vida que experimentan los ciudadanos.
Y esa es, precisamente, una deuda que nuestros ayuntamientos todavía tienen pendiente de saldar.
Se impone, por tanto, un liderazgo municipal más responsable, con un nuevo enfoque, mayor planificación para optimizar los recursos, una administración sustentada en resultados y, sobre todo, una conexión más estrecha con las necesidades reales de la gente.



